Viene de acá
La tercera semana empezó signada por la angustia de imaginar que junto con el cigarrillo se pueden ir de mi vida otras actividades tan placenteras como la escritura y la escritura. Angustia que no aminoró ni con el fármaco que empecé a tomar por indicación del doctorcito. O sí ¿Cómo puedo saberlo?
Si me baso en mis experiencias anteriores, siempre que me propuse superar una adicción lo que conseguí fue sustituirla por otra. De hecho, mi ludopatía cesó cuando me hice adicta a las series y ésta, a su vez, terminó cuando me envicié con el Facebook, que duró hasta que me abrí una cuenta en Twitter. Mencionando solo las de los últimos cuatro años.
Así que mi angustia aumenta ante el desconocimiento de con que otra cosa iré a reemplazar al cigarrillo.
- Con los antidepresivos-. Me contesta mi yerno que suele leerme el pensamiento.
- ¿Te parece?- le digo gritando sobre la sirena de la ambulancia que pasa por la calle ahí abajo.
Mi yerno es el interlocutor más fiel que me queda, porque es el único capaz de resistir en el balcón a la acción de soles asesinos, vientos enloquecedores, granizo o diluvios con tal de fumar.
- Si, y después vas a tener que hacer un tratamiento para dejar los antidepresivos.
- Eso no sería nada- le digo- ¡Mirá si se me da por reemplazarlo con un marido! Creo que ni el enfisema, ni el cáncer de pulmón me aterran tanto como esa posibilidad…
- ¡Ay, má, estás exagerando, como siempre!- Me gritaba Bruno desde el living.
- Si, claro, vos porque no sabés lo que cuesta extirpar un marido. .
El cigarrillo fue mi compañero durante muchos años y muchas vicisitudes. Un compañero que no ronca, no habla, no cuestiona, no ocupa lugar y no se pone celoso cuando estoy horas sentada en la computadora, no se merece el abandono.
Nunca me costó tanto dejar a alguien, y digo alguien porque él cobró entidad a mi lado.
Me moví siempre por la vida dejando atrás muchas cosas, lugares, relaciones, actividades. Casas, autos, bienes gananciales y mitad de negocios. Siempre que me sentí atada por algo me desaté a cualquier costo, teniendo como meta suprema la libertad personal. Me jacto de ser una persona desapegada. Pero este desafío es de una naturaleza especial. Para poder deshacerse de una atadura, es imprescindible ver la atadura. El cigarrillo es una atadura que nunca quise ver como tal, porque hacerlo significaba admitir que no soy tan dueña de mí ni tan libre como creo.
Es impactante verme a mí misma diciéndome “bueno, en realidad no eras TAN libre como creías”. Es desafiante como pocas cosas.
Es que la libertad fue siempre la motivación más poderosa ante cualquier cambio o ruptura. La libertad es, digamos, el leit motiv de mi vida.
Ante esta revelación siento que tengo que escribir lo que para mí es el verdadero texto del compromiso:
“El 28 de Febrero de 2011 dejaré de fumar porque esto es un paso más, uno muy importante, hacia la libertad.”
Me gusta porque es como un juego del que conozco las reglas.
En este juego me centro y me involucro con todo mi ser.
Y va a estar bueno ganar.
La tercera semana empezó signada por la angustia de imaginar que junto con el cigarrillo se pueden ir de mi vida otras actividades tan placenteras como la escritura y la escritura. Angustia que no aminoró ni con el fármaco que empecé a tomar por indicación del doctorcito. O sí ¿Cómo puedo saberlo?
Si me baso en mis experiencias anteriores, siempre que me propuse superar una adicción lo que conseguí fue sustituirla por otra. De hecho, mi ludopatía cesó cuando me hice adicta a las series y ésta, a su vez, terminó cuando me envicié con el Facebook, que duró hasta que me abrí una cuenta en Twitter. Mencionando solo las de los últimos cuatro años.
Así que mi angustia aumenta ante el desconocimiento de con que otra cosa iré a reemplazar al cigarrillo.
- Con los antidepresivos-. Me contesta mi yerno que suele leerme el pensamiento.
- ¿Te parece?- le digo gritando sobre la sirena de la ambulancia que pasa por la calle ahí abajo.
Mi yerno es el interlocutor más fiel que me queda, porque es el único capaz de resistir en el balcón a la acción de soles asesinos, vientos enloquecedores, granizo o diluvios con tal de fumar.
- Si, y después vas a tener que hacer un tratamiento para dejar los antidepresivos.
- Eso no sería nada- le digo- ¡Mirá si se me da por reemplazarlo con un marido! Creo que ni el enfisema, ni el cáncer de pulmón me aterran tanto como esa posibilidad…
- ¡Ay, má, estás exagerando, como siempre!- Me gritaba Bruno desde el living.
- Si, claro, vos porque no sabés lo que cuesta extirpar un marido. .
El cigarrillo fue mi compañero durante muchos años y muchas vicisitudes. Un compañero que no ronca, no habla, no cuestiona, no ocupa lugar y no se pone celoso cuando estoy horas sentada en la computadora, no se merece el abandono.
Nunca me costó tanto dejar a alguien, y digo alguien porque él cobró entidad a mi lado.
Me moví siempre por la vida dejando atrás muchas cosas, lugares, relaciones, actividades. Casas, autos, bienes gananciales y mitad de negocios. Siempre que me sentí atada por algo me desaté a cualquier costo, teniendo como meta suprema la libertad personal. Me jacto de ser una persona desapegada. Pero este desafío es de una naturaleza especial. Para poder deshacerse de una atadura, es imprescindible ver la atadura. El cigarrillo es una atadura que nunca quise ver como tal, porque hacerlo significaba admitir que no soy tan dueña de mí ni tan libre como creo.
Es impactante verme a mí misma diciéndome “bueno, en realidad no eras TAN libre como creías”. Es desafiante como pocas cosas.
Es que la libertad fue siempre la motivación más poderosa ante cualquier cambio o ruptura. La libertad es, digamos, el leit motiv de mi vida.
Ante esta revelación siento que tengo que escribir lo que para mí es el verdadero texto del compromiso:
“El 28 de Febrero de 2011 dejaré de fumar porque esto es un paso más, uno muy importante, hacia la libertad.”
Me gusta porque es como un juego del que conozco las reglas.
En este juego me centro y me involucro con todo mi ser.
Y va a estar bueno ganar.
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Cada vez que te leo la descripciòn de tu vinculo con el cigarrillo me dan ganas de prenderme uno. Lo que hice hasta hace un mes es tener uno de emergencia, ese que vos sabes que esta guardado para cuando sea necesario, tipo "rompa el cristal en caso de emergencia", pero ya no esta.
ResponderSuprimirSe lo di a una amiga, ahora me arrepiento. Si de adicciones se trata creo que siempre caemos en alguna, nunca seremos tan libres.
Ay, no, yo no quería hacer una apología del pucho! Lo difícil es cortar un vínculo con el que una está cómoda, por más que sepa que a futuro puede dañarte. En fin. Buaaaaaa
ResponderSuprimirmi muy estimada lils: hoy es 3 de marzo. más allá de los hechos, el paso mágico ya lo diste. como humanos somos un cúmulo de hábitos que nos mantienen con vida, mejores o peores. y siempre, transitorios. lo que de verdad queda es la historia que escribiste. (hay hábitos ignotos que nos prolongan la vida..)
ResponderSuprimirsalud!!!
Hola: yo pase a dejarlo en este año también, pero parece ser que de vez en cuando tengo que pegarle esa pitadita. El problema esta en que mi marido fuma y es un martirio el verlo hacer y no poder. Mejor dicho no querer, entonces en lo que lleva del ano me habré fumado uno tres o cuatro en total, no esta nada mal pero lo bueno seria olvidarme de el por completo. Como dirías vos no es cosa de a si no mas..... cuando se trata de un compañero tan incondicional. Besos chau chau.
ResponderSuprimirHelouuuuuuuuuuu!
ResponderSuprimirY.... ¿como va el asunto?
Haga el favor de dar señales de vida en algun lado "pordió". Ni en el Twitter la veo. Ya no sé si dejó el cigarrito o os dejó a nosotros y se fué "al carajo" con él.
Espero ansiosa novedades. No sea mala amiga. :-)
Besitos!
Se la vió rumbo a Cuba para armar campamento en las fábricas donde arman los puros! ;-)))
ResponderSuprimirGovenka
jajaja chicas, no se me impacienten! acá toy, y a esta altura se podría decir que la prueba ha sido superada con éxito! Vengo invicta :D
ResponderSuprimirBueno tambien esta la otra. Esa rubia que siempre cuando queres viene a acompañarte. En los momentos tristes, cuando estas alegre, en la mesa de un bar, en una tarde de Sabado en alguna plaza, en las noches de verano en la playa, contemplando el reflejo de la luna recostado sobre un manso mar.
ResponderSuprimirEsa rubia es la cerveza jaja. Y si es de una marca conocida por los colores de la etiqueta tambien puede que tenga ojos celestes.
Asi que a brindar por ella!
Es la que refresca y le calma el calor al fuego del cigarrillo.
P.D. Digo esto asi para tomar una tranqui y de vez en cuando algun Sabado o de vacaciones. No para hacerlo siempre y volverse alcoholico
:)Pero mire Ud. que bien !!!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderSuprimirVenías virgen del divorcio con el faso y has triunfado en eso también.
Admirable doña !!!!
PD:Graciadió...porque un encuentro de horas con una fumadora no podría resistirlo jajajaja
Hasta el encuentro del trío siempre (qué frase boluda la del asesino famoso ¿no? jajajajajajaja)
Cómo te quiero !!!!!!!!!!!!!!
ResponderSuprimirMe estás convenciendo..aunque voy en busca de Gallegoland a ver si hacemos causa común.-
De veras, y no me lo vas a creer, porque no te conozco en persona ..pero te admiro EN SERIO.-
Me ha pasado de dejar de visitar amigos ex pucho, poara no importunarlos y que me manden al balcón o al patio..cuestión que no voy !! eso está tan mal..
Te mando abrazo.-
Y VA DE CORAZON::
Humorup
Hurraaaaa!!!! Huuurrrraaa!!! ;-))
ResponderSuprimirGovenka