29/11/16

Vipasana

Meditación de la semana

1. Observar la respiración

Este método de observar la respiración puede ser hecho en cualquier parte, en cualquier momento, aunque sólo dispongas de unos pocos minutos. Tú puedes observar simplemente la expansión y contracción de tu pecho o de tu vientre, a medida que la respiración entre o salga, o puedes probar este sistema.

Primer paso: Observa la inhalación.
Cierra los ojos y empieza a observar tu respiración. Empieza con la inhalación, desde que entra en tu nariz hasta que baja a los pulmones.

Segundo paso: Observa la brecha que le sigue.
Al final de la inhalación hay una brecha, antes de que comience la exhalación. Tiene un valor inmenso. Observa esa brecha.

Tercer paso: Observa la exhalación.
Ahora observa la exhalación.

Cuarto paso: Observa la brecha que le sigue.
Al final de la exhalación hay una segunda brecha: observa esa brecha. Sigue estas cuatro fases por dos o tres veces. Observa simplemente el ciclo de la respiración, sin cambiarlo en absoluto; observa simplemente el ritmo natural.

Quinto paso: Contar las inhalaciones.
Ahora empieza a contar: Inhalación;cuenta uno(no cuentes la exhalación). Inhalación:dos, y así hasta llegar a diez. Luego cuenta hacia atrás, de diez a uno. Puede que algunas veces olvides observar la respiración o cuentes por encima de diez. Empieza entonces otra vez desde uno.

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1/7/16

Sociedad



Nadie ha prestado mucha atención al individuo, y esa es la raíz causante de todos los problemas. Pero puesto que el individuo parece ser tan pequeño y la sociedad tan grande, la gente piensa que hay que cambiar la sociedad y entonces los individuos cambiarían. Esto no va a suceder porque «sociedad» es sólo una palabra; sólo existen individuos, la sociedad no existe. La sociedad no tiene alma, no podrías cambiar nada en ella. Puedes cambiar sólo al individuo, no importa lo pequeño que parezca. Y en cuanto conozcas la ciencia de la transformación individual, ésta es aplicable a todos los individuos, dondequiera que esté.

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5/5/16

El avatar

Cuando recibió el dibujo —de trazos simples y precisos— ella trató de encontrar algo que la conectara con esa mujer de semisonrisa hacia el costado en el rostro alargado. Algo había, pero. Era sugerido como una fragancia. No había esperado un retrato fiel, no. El dibujante no la conocía en persona ni había tenido enfrente una fotografía. Más que un dibujo era, entonces, un juego imaginativo, una adivinanza, la forma en que él intuitivamente la percibía.
Lo que la desconcertó fue el peinado: un mechón solo que caía a un costado como una cascada tricolor, un arco iris de tonos apagados o la cabellera filamentosa de la medusa que anda por aguas grises.
Le gustó el dibujo aunque tuviera poco que ver con ella. Después de todo, solo era como él la imaginaba.
Colgó el retrato donde todos podían verlo y se olvidó casi por entero del asunto.
Cinco meses después se sacó una selfie. Al verla en su pantalla notó que el mechón violeta que se había hecho un mes atrás estaba dividido en tres colores: lila pálido, celeste y gris claro.
Si volcaba todo el pelo hacia un costado se convertía en una cascada tricolor, o un arco iris de tonos apagados o la cabellera filamentosa de la medusa que anda cerca del mar.
Se volvió a mirar, desenfocando, y se le dibujó una semisonrisa que ascendió por un solo lado del rostro alargado.
De a poco, sin darse cuenta, se había convertido en su avatar.


*Narración inspirada en el dibujo de mi amigo virtual Huili Raffo, a.k.a @raffohouse a quien le dedico este texto.
4-5-16
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12/3/16

Contemplar



Contemplar la agitación de las formas.
Sin involucrarse. 
Percibir los ritmos.
Descubrir las pausas entre los pliegues. 
Encontrar el silencio en la trama. 
-- Código de Magia
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Como dijo Sócrates

Como dijo Sócrates, acá estamos de vuelta.
(Alguna vez lo habrá dicho, aunque no nos conste)
Me encantaría, de verdad, empezar y terminar este post citando a algún filosofo, científico o escritor famoso. Toda la gente culta lo hace todo el tiempo. Todos recuerdan escenas completas de películas que vieron hace veinte lustros, todos exageran. Persona de bien que intenta escribir tiene que saberse de memoria alguna frase, nombre, fecha y/o suceso histórico. Algo. Yo no. Por eso dejé de escribir hace años, cuando la editorial aquella me pidió que reseñara mi propio libro porque contaban con un solo empleado para hacer todo. (Lo juro que es cierto) Y ahí empezó y acabó mi carrera literaria, con el primer y último contrato rescindido antes de publicar.
Acá estamos de vuelta y no sabemos bien para qué, pero teníamos ganas de volver a casa, al viejo teclado, al patio con malvones, después de una temporada entre canibales.
Teníamos ganas  — yo y no sé quien carajos más pero queda lindo el plural mayestático— de ponernos a escribir en serio.
Así que este es el primer post de la nueva era del blog, en la que no nos lloverán contratos pero contaremos y escribiremos lo que se nos cante y con la extensión que se nos de la gana.
Yo y no sé quién más.






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22/5/15

No digas "es una rosa"



Te topas con una flor y en el momento en que la ves, el lenguaje salta inmediatamente en tu mente y dice: “Una hermosa rosa”, y ya has destruido algo. Ahora ya no es ni hermosa ni rosa… porque ha aparecido una palabra. No permitas que la palabra interfiera con todas y cada una de tus experiencias.

De vez en cuando déjate estar ahí con la rosa y no digas: “Una rosa”. No es necesario. La rosa no tiene nombre, somos nosotros quienes se lo damos. Y el nombre no es una cosa real, así que si te apegas al nombre pasarás por alto lo real. El nombre te pasará ante los ojos y proyectarás algo: todas las rosas pasadas.

 Cuando dices: “Es una rosa”, la estás clasificando. Y las rosas no pueden clasificarse, porque son tan únicas e individuales que no es posible clasificarlas. No le otorgues una clase, no la encasilles, no la encajones. Disfruta su belleza, su color, su danza. Estate ahí. No digas nada. Observa. Permanece en mo chao, en un reflejo sereno y silente. Sólo refleja. Deja que la rosa se refleje en ti; tú eres un espejo.

Si puedes convertirte en espejo, te habrás convertido en meditador. La meditación no es más que la pericia de reflejar. Y ahora, en tu interior no se mueve ni una palabra, y por ello no hay lugar para la distracción.

Osho. El camino del zen 
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